miércoles, 8 de diciembre de 2010

Y allí estaba(1)

Te preguntarás qué hago aquí de noche, empapada hasta los topes y tocando a tu puerta. Es una pregunta coherente, yo también me la hago.
Cambia esa cara de pámpano, lo peor que podría pasar es que pillara un resfriado.
Nunca se me han dado bien estas cosas. Mirar a los ojos y hablar de mis sentimientos. Siempre les he temido, siempre he desconfiado de ellos. Nunca pensé que llegaría este momento, pero aquí estamos. Tú y yo, como dos gilipollas bajo la lluvia... ¿No me vas a pedir que pase?


sábado, 4 de diciembre de 2010

4 Diciembre 2010

Después de tantos meses...

me rayo.


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Si siguiera teniendo mi diario gráfico... nada cambiaría. Seguiría viendo una metáfora implasmable, como un llanto que desgarra o una brisa que heriza. Los días se han vuelto inescrutables. Bueno, los días no, éstos días. Y no hay sol que venga a levantarme ni luna que me arrope, (de nuevo) sin tí.
Maldito terciopelo. Sí, maldigo el terciopelo de tus sábanas, de tus salivares, de tu aroma y de tu mirada. Maldigo el terciopelo de tus manos, de tus brazos y tu espalda. Yo me lo he buscado, yo y mi espantosa inclinación hacia la insensatez. Se acabó, ya se apagan las farolas, ya no habrán va y venes de aceras, ya no habrán más bailes con la lluvia, se acabó.







Yo también me lo quiero creer.


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Nada que hacer, nada para este jodido mundo, ni para este jodido malestar. Migajas que malviven de mendigos y mendigos que malviven de migajas. Y todo bien removido indigesta el alma. Incluso la nauseabunda maleza de cloacas sabe a misericordia en comparación con ese revuelto.

Y levantas la cabeza para alcanzar una bocanada de vida. No habras los ojos, maldito! Has caido en la trampa. Lo que ves no es real, pero te atrae. Lo que ves no es verídico, pero lo prefieres.

Cada vez que se me cansa el pensamiento me nace un lunar, y tengo tengo tantos miles ya...

domingo, 21 de noviembre de 2010

Jodida perdiz.




Y es que yo me cago en el amor... qué estupidez más humana!!! Cuando no lo tienes, lo echas de menos. Cuando lo tienes, no te terminas de enamorar y cuando te enamoras, el tio es un capuyo!!! Así no hay quien se aclare... malditos cuentos infantiles... ¿Por qué no les ponen a ellos historias de principes encantados y nos dejan a nosotras con Dragon Ball (buscale las pelotas al dragón) y Oliver y Benji (los chicos que patean pelotas a mansalvA)? Cuando sea graduada en paro me dedicaré a reescribir cuentos clásicos infantiles y que tiemble el mundo tal y como loconocemos. Se acabó el Rosa y el Azul! Se acabaron las muñecas y las pelotas! Se acabó el buscar la felicidad en un hombre y el buscar la felicidad en la autosuperación. Nihilismo infantil!! Y que se joda de nuevo el mundo tal y como lo conocemos...



Hecho de menos mi pequeña espada de madera.

domingo, 14 de noviembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

puaj!

Que yo también me quiero enamorar
y no.
Que me parece una locura entrar en esa selva,
depredadores sobran,
se está muy bien sola.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Algo falla


Y estar en medio de un gran tumulto de gente, escuchando las canciones de un semidios, mientras todo a tu alrededor se mueve a un mismo ritmo. Y ver las caras pletóricas de emoción, de alegría encalimochada, de gran complicidad. Y respirar euforia. Y no sentirla.

Algo falla...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ya no te reconozco.


No apreciamos lo que tenemos, eso no es nada nuevo. El tiempo pasa y con él, el viento erosiona los castillos que se fueron levantando en el aire ¿verdad? No, mentira. De repente aparece un ogro malvado de botas heavis - si, esas botas que aplastan ciudades - y lo destroza todo sin discriminación alguna...

Todo queda irreconocible, como lo que fuimos un día. No te confundas al leer esto - si es que llegaras a leerlo alguna vez - no hablo de un amor adolescente, ni de un capricho obsesivo. Hablo de pensarte como esa jodida pieza que encajaba en una de mis caras, amigo.

Y es que es casi imposible mirarte a los ojos sin ver el odio amargo que te consume, a la par que es casi imposible recordar que no te conocí así. Y me preocupo estúpidamente, por que es inútil preocuparse por gente de orgullo desmedido, por que es inútil preocuparse por quien no quiere agarrar manos de ayuda, pero a la vez me resulta inevitable. ¡Maldita fe! Maldita fe y maldito tú.

Estás irreconocible, no sé quién eres ni qué has hecho con mi amigo.