domingo, 4 de enero de 2015

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He visto alguna foto tuya rulando por ahí,
me gusta pensar que es a mi a quien sonríes.


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      Cuando se acaba algo grande todo el mundo necesita un tiempo de luto. En ese tiempo nos dedicamos a enterrarnos con el muerto y a esperar el momento en el que por fin podamos sobrevivirle.
      Hay veces en los que uno se recuesta junto a él y espera no despertar nunca más. El tiempo empieza a moverse lento, como si de repente se hubiera convertido en un esclavo de tu pena y compartierais los mismos grilletes. A pesar de esto, el mundo sigue girando a tu alrededor, y en contraposición a tu marcha funesta, parece que éste se mueve todavía más rápido. Da vértigo la vida.
       Sin embargo y muy a tu pesar, todos los cadáveres se enfrían. Es ahí cuando caes en la cuenta de que la muerte no es para los vivos, no hay sitio para ti en ese féretro, debes abrir los ojos y negociar con la realidad, buscar tu sitio entre los tuyos.
     Piensas que nadie fue más tuyo que él, y ahora él es un recuerdo. ¿Un recuerdo? Es el recuerdo de toda una vida, una quimera de la que has vivido demasiado tiempo, un delirio que ya no te pertenece y que debes dejar ir.
      Echas la vista atrás y te planteas por enésima vez si realmente no hay sitio para ti en esa tumba. El mausoleo es espacioso y, aunque haga frío, tienes unos calcetines muy cuquis que calientan cual averno.
      Bienvenido al mundo real. A esa posmodernidad frenética donde tienes que madrugar, preocuparte por cosas, buscar metas y proyectos, saber cosas, relacionarte con gente, vivir cosas, cuidar tu higiene, examinarte de cosas, desarrollar tu personalidad, hacer cosas... la lista no acaba.
      ¿Había que hacer todo esto también cuando estabas vivo? - piensas -.


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The trap and the woodcutte

     Definirse es tan complicado... A veces pienso en ello como si fuera una trampa. Crees que lo estás haciendo, que vas por el buen camino, confías y... cuando te das cuenta: ¡ZAS! Uno de tus miembros queda atrapado en un cepo.
      Y esa era yo (cuando tú me encontraste). Una chica con un cepo en alguna de sus extremidades. Sentía el dolor, se dispersaba por todo mi cuerpo. Sabía que algo estaba mal, pero no lograba descubrir el qué, ni el dónde, ni el cómo. Definirse es una acción que implica demasiada precisión.
     Tú fuiste quien me alimentó durante todo (este) ese tiempo. Debí haberlo invertido en buscar mi cepo con tu ayuda, pero se estaba tan agustito en tu cabaña, leñador, con esa hoguera siempre encendida, con una sopa siempre sobre el fuego y con un ejército de risas que salían a patrullar al caer cada noche, para mantener alejados los tiempos de hastío y tristeza.
      Era cuestión de tiempo que fueran cayendo uno a uno. Porque ¿sabes qué? Definirse es necesario, y por mucho que lo ignores, el cepo sigue ahí, mordiendo con sus afilados incisivos, infectando con el paso del tiempo, hiriendo, empeorando, creciendo.
      Tu felicidad no fue suficiente para protegerme de él. Tu calidez (tan ansiada ahora) empezó a perder su efecto paliativo. Advertí varios avisos que me instaban a buscar el cepo y librarme por fin de él, pero aunque mis mejillas tardaban algo más en ruborizarse, conseguías que acabaran ardiendo.
      Era tan fácil dejarse morir entre tus brazos... los extraño tanto... Supongo que los cepos nunca me supieron tan a gloria como cuando me besabas en esas escaleras, como cuando me frotabas una espalda que acababa en mis muslos, como cuando sorbías de mis ojos y yo comparaba el odio que te tenía con el infinito más extenso.
      Menuda ilusa. ¿En qué momento pensé que podría ser feliz teniendo un cepo en alguna parte? ¿En qué momento pensé que podría vivir por siempre alimentándome de tu felicidad, viviendo tu vida? ¿En qué momento pensé que sabría hacerte feliz a ti, si nunca he sabido hacerme feliz a mi misma?
      Definirse es tan complicado... A veces pienso en ello como si fuera una trampa. Debí buscar el cepo antes de encontrarte a ti.

Ilustración de Merrile


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Ilustración de Katerina Nicolau

                 Escuchamos a nuestros fantasmas hablar,
              dicen que es imposible, que todo ha muerto.
              Dicen que ya no nos entendemos,
              que al final todo era un suplicio.
              Dicen que no nos merecemos más dolor,
              que nos quedemos con lo mejor y
              nos pongamos frente a una nueva página en blanco.
              Dicen que enterremos las miradas
              igual que enterramos las armas.
              Dicen que nos guardemos las sonrisas
              en el mismo lugar en el que guardamos las palabras.

                 Escucho a nuestros fantasmas hablar,
              parece que con el tiempo van perdiendo intensidad.
              Dicen que le hemos dicho a nuestros confidentes
              que ambos tenemos las ideas talladas en piedra.
              Dicen que nos demos tiempo
              y nos apoyemos en sus hombros cuando nos sintamos débiles.
              Dicen que no reinventemos más finales
              y nos conformemos con lo escrito.
              Dicen que no nos aferremos a los recuerdos,
              que no demos más vueltas en círculo.
              Dicen que nos brindemos un descanso
              y que nos dejemos morir en soledad.

                 Escucho a nuestros fantasmas hablar,
              unas veces me gritan enfadados,
              otras me suplican entre lágrimas.
              Creo que ya ni ellos recuerdan lo que debían decir
              cuando busco razones para olvidarte.

sábado, 3 de enero de 2015

(...)

- Vámonos.
- ¿A dónde?
- Lejos.
- ¿Lejos te refieres a Alicante o a Oslo?
- Oslo.

Vamonos lejos, a algún lugar donde no se usen sujetadores. Donde nadie nos conozca.

jueves, 1 de enero de 2015

(...)


Vivimos con la esperanza del mañana 
para poder soportar la desdicha del presente.


* * * * *

Hay un proverbio chino que dice:
"No tengas miedo de los cambios lentos, 
sólo ten miedo de permanecer inmóvil".