miércoles, 27 de enero de 2016

R


Cuestioné cada una
de esas ideas locas
que a veces me espetabas en la cara
como si fuera el aire seco
que sueltan las primeras carcajadas.

Una a una las fui deshilachando
construyendo silenciosamente en mi mente
tu forma de ver el mundo,
el amor, el sexo,
la libertad.

Llenaste mis rincones más azules
de programas descarados,
de falsos acentos forzados
y de prohibiciones por precaución.
(Oh, no, espera.
Creo que eso último fue culpa mía.)

Se hacían las tantas de la madrugada
en medio de una selva de mosquitos
que nos superaban en número
y en artillería.

Me escuchabas,
te escuchaba,
me mirabas,
te miraba y sonreía.
Por que así era tu cara:
una risa.

Adoraba tu melena,
odiaba tu forma de pensar,
envidiaba tu forma de vivir vida.

Te recuerdo sencillo, sin nudos.
Te recuerdo translúcido, buceable.
Como ese viento suave
que aparta el pelo de mi cara,
que enrojece mi nariz,
y que saca,
a veces,
mi mejor parte.

Supongo que lo siento por mi,
supongo que te echo de menos,
supongo que como a toda la arena
que se escapa,
a veces,
entre mis dedos.


jueves, 24 de diciembre de 2015

J





Y de nuevo me encuentro frente a una pantalla intentando recuperar lo que se pierde con el tiempo. Jugamos sin límites de ningún tipo. La única norma es resultarnos interesantes y sabemos que eso tiene una caducidad muy próxima. Nos descubrimos y nos decepcionamos en nuestros momentos más o menos lúcidos. Siempre hay mierda debajo de una manicura francesa. No estamos aquí para limpiarla o aguantarla. O eso parece.

Sonrío y  me dices que pinte mis labios para hacerlos más apetecibles en tu mente. Yo te miro y sé que lo único que quiero se coló por el desagüe y a medida que pasa el tiempo me doy más cuenta de que es irrecuperable. Soy una obsesa, perseverante de las causas perdidas, una ex-dramática, una ex-melancólica, una ex-amiga.

Podría hacer una montaña de todo esto - posiblemente lo hubiera hecho en otro tiempo, cuando no habían tantos ''ex-'' en mi currículo - pero ahora la superficie es plana y la camino pasiva, como si cada surco que me encontrara fuera un regalo que no estaría ahí de no ser por ti. Y eso es mejor que nada, que la pasividad de mi mundo. Vete cuando quieras, fuma lo que quieras, pide lo que quieras. Posiblemente esto dure menos de lo que esperábamos.

Tú dices que te hago falta. Yo sé que no puedo ser yo misma en todos mis aspectos cuando estoy contigo. No sé a qué estamos jugando, pero parece que por el desagüe todavía se cuelan más posibilidades. Quizás se entapone con la porquería que hay debajo de nuestras uñas y acabemos ahogados en una bañera de agua fría y sucia. La gente nos mirará y pensará que eramos amantes o algo así. Nosotros sabremos que somos una eterna inconexión.


martes, 10 de noviembre de 2015

Dime que mi existencia es imperdonable.

Ilustración de Marcello Castellani

No puedo con el vértigo de estar contigo.
Hay algo en tu compañía que me calma y me altera.
Y así vivo con la esperanza de resquebrajarme poco a poco
hasta que finalmente me rompa en mil pedazos y caiga
desmoronada, vacía, sin razón ni sentimiento.

Hay algo en mi forma de mirarte que me espanta,
se endulza mi pupila cuando es tu imagen quien la penetra.
Y se quedaría juntando instantes hasta formar horas,
alimentándose de algo que no le corresponde.

Mi piel espera tu roce,
espera el momento exacto
para estremecerse con la yema de tus dedos,
espera el momento exacto
en el que tus cabellos barran la arena en mi barriga.

No me digas que sepo a sal,
dime que no dejas de extrañarme.
No me digas que lo pasamos bien,
dime que mi existencia es imperdonable. 




martes, 21 de julio de 2015

M

Y un día te despiertas y extiendes el brazo derecho por todo el sobrante del colchón, buscando a tientas algo que definirías como alguien. Lo buscas incesante pero a intermitentes y lentos movimientos. Y al no encontrarlo decides luchar contra esa luz que deja pasar la penumbra, entornas los ojos, como si subieras a la mitad de altura las persianas, y ahí está.

Es un desconocido al que decidiste llamar Mario porque lo conociste frente al mar una noche de naufragios.

Ilustración de Michelle del Campo.

lunes, 20 de julio de 2015

Oteo



     Ojala pudiera aprovechar el ímpetu que nace al descubrir aquellas obras que agitan el alma. El empuje de la novedad, la motivación del descubrimiento. Ese fervor de no poder esperar que te obliga a otear por encima, rápido, de pasada, aquellas hojas de un libro que no merece ser violado por la curiosidad del que desespera.

martes, 7 de julio de 2015

Afra Stein



Ilustración de Clint Cearley



     ¿Podremos algún día dejar de buscar sentirnos especiales?
     Me obsesiona la pérdida de lo irrecuperable. Por eso lo apunto todo: apreso las respuestas curiosas en libretas, releo las conversaciones que dejan buen sabor de boca y repaso mentalmente los buenos momentos.
     Extraño a las amistades que me hacían sentir especial. Ahora ese papel lo cumple Afra, Afra me hace única y la amo por ello. Sin embargo sé que un día morirá, caerá en ese olvido irrecuperable, dejando sólo recuerdos intensos y alguna que otra tumba a la que dirigirme con una vaga y triste mirada. 
     Su ausencia será también hambre, ese rugir de estómago que se extiende a todo el cuerpo en forma de vibración física, fisiológica, poética, emocional.
     No disfruto las cosas sanamente. Las llevo al límite y lo traspaso. Creo que  últimamente paso más tiempo sintiendo como Afra que como María. No me importa, pero sé que mañana dolerá la despedida de ese amor propio desdoblado.

sábado, 4 de julio de 2015

J

Ilustrador desconocido.


Ella es una inusitada sombra que lo cubre todo.
Detesto el dorado de su pelo,
porque la veo en todos tus amaneceres.
Detesto la frescura de su juventud
y las risas desinteresadas que te cose.

Sin reservas lo da todo,
sin riesgos, sin marcas,
sin escamas que se apostillen.
Ella es otra, ¿otra más?.

No sé qué me cabe esperar.
Aquí, ahora...
los hechos se saben diferentes.
Lo que al principio emana melancolía
me brinda un regusto a amargor
que se me repite en la garganta hasta colarse
en lo más profundo de mi bajo vientre.

Se me agrían los ojos al pensarte,
al recordarte en medio de esta soledad
que me acongoja el alma y me repiquetea impasiva.
Se me parte el cuerpo y la esencia en dos
y de inmediato me sobreviene esa pregunta,
¿Habría sido diferente si no me hubiera marchado?
¿Sería diferente si no te hubiera dejado marchar?